Luis Marí Sota Gainza era un Olentzero de verdad. En Lodosa tuvimos la gran suerte de que nuestros hijos tuvieran un olentzero auténtico. Una persona que sintió y vivió la fiesta, la ilusión que su presencia irradiaba alrededor, con la misma intensidad que aquellos pequeños que acudían en masa a verle, tocarle y recibir sus presentes. Transmitió tranquilidad a unos padres que hasta entonces desconocían al personaje y habían recibido noticias alarmantes de otros lugares. El y aquellos pequeños dieron una verdadera lección de que la convivencia de las distintas figuras navideñas era posible. Serían los adultos nuevamente los que impondrían sus trabas, incapaces de aceptar el éxito de una convocatoria que saltaba por encima de ideologías y creencias.